miércoles, 17 de septiembre de 2014

Relato 4: Give me your forever.

¡Te quiero hasta más que infinito!
Jamás escuché a la pequeña Noa decirlo, pero no me cuesta imaginarla, tan llena de vida, tan rebosante de felicidad, tan terremoto.
Bendita infancia, y junto a ella la inocencia y la simplicidad de las cosas. Ojalá pudiese ser niña otra vez y decirte "¡te quiero hasta más que infinito!", porque es verdad, es lo mucho que te quiero, o incluso puede que sea menos de lo que realmente siento por ti.
Que imbéciles somos los adolescentes...pero supongo que todo adolescente, para serlo, tiene como requisito indispensable ser imbécil al menos un par de días a la semana.
¿¡Pero que digo!? Un par de horas al día como mínimo.
Siempre nos empeñamos en buscar el amor en personas que conocemos tal vez por casualidad, tal vez por cosas del destino, y no paramos hasta que conseguimos que todo sea como hemos visto en las películas. Tanto esfuerzo para que al cabo de meses, o, si tienes suerte años, ese amor pase a ser simplemente cariño (o ni eso) y acabes hundida en un mar de lágrimas, porque como cantaba Ben Harper, los "para siempre" parecen estar presentes cuándo las cosas empiezan, pero nunca están presentes cuándo llegan a su fin. Ya no sé si referirme a nosotros como imbéciles o como masocas. Que forma de perder el tiempo, ¡y la vida! Posiblemente, dos de las únicas cosas que ni siquiera la ciencia ha conseguido recuperar.
Pero yo he sido una niña con suerte, pues te cruzaste en mi camino, y mentiría si dijese que desde el principio fue para quedarte, porque si hace unos años llegan a decirme que encontraría en ti mi tierra firme, les respondería que antes prefiero vivir en un bote a la deriva.
Las vueltas que da la vida, que a día de hoy no sé lo que es ser sin ti, sin tus bailoteos a las cinco de la mañana, sin tus chistes con poca gracia. Pero tú no lo sabes: eres gracioso sin ni siquiera pretender serlo.
Que de ti, me gustan hasta las promesas sin cumplir, los besos que todavía no te he dado y todos los momentos que no hemos vivido. ¡Que hacer hoy por hoy sin tu sonrisa irónica y sin esa cara de imbécil que pones cuándo te ríes de mi!
Me pregunto que sería de mi sin ti y todas tus lecciones sin libro ni apuntes, ya que en parte, soy quien soy porque tu eres parte de mi.
Lo he aprendido todo contigo (o casi todo, no vamos a exagerar). He aprendido a querer y a olvidar, a reírme de las penas y a llorar por quien de verdad merece la pena.
Me queda mucho por aprender, pero si algo tengo claro es que la vida es mejor porque tu estás en ella, que nada es imposible si tu me haces rabiar y que el hogar no es un lugar, si no una persona, y el mío está entre tus brazos. Regálame tu para siempre, el mío ya es todo tuyo.
¡Te quiero hasta más que infinito! Como diría una niña, y yo te lo digo porque siempre seré tu niña.


By: Fadi Houmani.



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